- Jan 26, 2026
"Es que tengo mala memoria": La mentira que te impide aprobar
- Jesús Santiago
No sé si en tu familia pasa, pero en la mía hay una especie de "maldición" autoimpuesta que, durante un tiempo, me tuvo bien pillado.
La cosa es que, en las reuniones familiares, siempre están repitiendo lo mismo: "Los Linares es que somos todos muy despistados y olvidadizos." Dato clave: mi segundo apellido es Linares.
Y claro, desde pequeño, en cada cena de Navidad, cumpleaños o cuando metía la pata, ahí estaba la frase: "Ay, cómo se nota que eres Linares."
Irónico que, siendo tan "olvidadizos", nunca se les olvide soltar la frasecita de los cojones.
Y te confieso algo: yo también me lo creí. A base de repetírmelo desde que tengo uso de razón, acabé con esa idea tatuada en la cabeza. Pero, ¿sabes qué? Es una mentira gorda, fea y persistente. Una de esas que nos persiguen desde críos y nos hacen actuar como si fuera verdad.
Seguro que tú también has dicho alguna vez: "Es que tengo mala memoria." ¿Y si te digo que no existe la buena o la mala memoria, solo la memoria entrenada... o la desentrenada?
Piénsalo: ¿cuántas veces has estudiado algo a fondo y al día siguiente no te acordabas de nada? ¿Cuántas veces has pensado que tu cabeza es un coladero? Eso no es porque tu memoria sea un desastre. Es porque nadie te ha enseñado a usarla bien.
La memoria no es algo con lo que naces y ya está. No es un don que algunos tienen y otros no. Es una habilidad. Y como todas las habilidades, se entrena. Se mejora. Se desarrolla. Pero nadie te enseña eso. En el colegio te dicen "estudia esto" pero nunca te explican cómo hacer que tu cerebro lo retenga de verdad.
Entonces te pasas años leyendo y releyendo. Subrayando con cinco colores. Haciendo resúmenes interminables. Y luego te sorprendes de que no te acuerdas de nada. Y en lugar de pensar "estoy usando técnicas que no funcionan", piensas "es que yo tengo mala memoria".
Y ahí empieza el problema. Porque cuando te etiquetas como alguien con mala memoria, dejas de intentar mejorarla. Es como si te dijeras "bueno, así soy yo, qué le voy a hacer". Y entonces te resignas. Sigues usando las mismas técnicas malas. Y sigues olvidando todo. Y cada vez que olvidas algo, refuerzas esa creencia de que tienes mala memoria.
Es un círculo vicioso. Una profecía autocumplida. Como los Linares con su despiste. Si te repites algo el tiempo suficiente, acabas creyéndolo. Y cuando lo crees, actúas en consecuencia. Y cuando actúas en consecuencia, confirmas tu creencia. Y vuelta a empezar.
Pero la verdad es esta: tu memoria funciona perfectamente. El problema es cómo la estás usando. Porque tu cerebro no está diseñado para retener información que lees pasivamente. Está diseñado para retener información que procesas activamente. Información que usas. Información que relacionas con lo que ya sabes. Información que te obligas a recordar antes de volver a mirarla.
Y eso es lo que nadie te enseña. Que la memoria no se trata de cuántas veces lees algo. Se trata de cuántas veces obligas a tu cerebro a recuperar esa información. De cuántas veces te haces preguntas. De cuántas veces cierras el libro e intentas explicar lo que acabas de leer. De cuántas veces repasas antes de que se te olvide.
Eso es entrenar la memoria. Y cuando entrenas la memoria, deja de ser "mala". Porque nunca fue mala. Solo estaba desentrenada.
Así que deja de decir que tienes mala memoria. Deja de usar esa excusa para justificar que olvidas todo. Y empieza a entrenarla. Empieza a usar técnicas que funcionen. Empieza a obligar a tu cerebro a trabajar. Y verás cómo esa "mala memoria" desaparece.
Porque no es mala memoria. Es mala técnica. Y eso tiene solución.
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